DIOS COMO MISTERIO ABSOLUTO
Uno de los componentes principales y que imprimen carácter de definición a una cultura como tal es el lenguaje, junto con su composición y el contenido conceptual como tal. Ahora bien, dentro del lenguaje encontramos una carga enorme de conceptos que expresan distintas realidades y unas más importantes que otras. Para que el ser humano logre conocer todas esas realidades se necesitaran procesos de aprehensión muy complejos, en ciertos casos y al tratarse de realidades objetivas se tendrá que partir de la experiencia, desarrollándose así el conocimiento a posteriori, como forma de conocimiento y no necesariamente única.
El conocimiento de la palabra "Dios", presente en cada uno de los distintos lenguajes y dialectos en todo el mundo y como conceptos uno cada vez más rico que otro. El ser humano está acostumbrado a que el proceso de conocimiento se realice de manera experimental, luego de haber tenido una experiencia del objeto a conocer y que dicho objeto tenga un concepto fijo, dándose así una relación sujeto conociente-objeto conocido. El problema que se nos plantea hoy es la presencia de la palabra Dios en el lenguaje y la concepción de la misma, tanto como existencia conceptual, como realidad de conocimiento.
El hombre tiene acceso a la palabra Dios e intentara concebirlo como cualesquier concepto de los demás, siendo imposible, ya que el concepto no es en si el todo. La palabra existe porque tiene sentido de existir, lo que no existe no tiene concepto, es una realidad desconocida y como tal, no se la puede identificar, mientras que de los sujetos, objetos y realidades que se han experimentado podemos claramente identificar y colocar conceptos de acuerdo a lo que son o representan.
Hemos dicho que la palabra "Dios" existe en todas las lenguas en el mundo y el mismo hecho de que exista como tal es porque existe alguna realidad a la cual el hombre quiere hacer referencia. Si la palabra está identificada claramente, podemos relacionar dicha realidad con su concepto, pero en este caso el concepto "Dios" es demasiado amplio para limitarnos a la representación conceptual, es decir que no por el hecho que se conozca la palabra "" va a asimilar en su totalidad.
Es imposible por tanto que hoy en día pueda desaparecer la palabra "Dios" de nuestro lenguaje, ya que el ser humano en principio no está solamente formado de una parte corpórea, sino tiene en sí mismo la dimensión espiritual, que es dada por su creador, lo cual hace que la necesidad de identificarse con su creador o con la divinidad sea necesaria y sea innata. La palabra Dios en sí no dice nada de la realidad de Dios, ya que no hace referencia de lo que para el hombre significa la palabra Dios, para nosotros Dios es inefable, el ser inanimado, el ser silencioso, es el que aparece en el mundo.
"La palabra Dios existe tanto para el Ateo como para el creyente, por lo tanto la palabra Dios está en el presente y en el futuro, de forma positiva o negativa, y esta presencia de la palabra interpela a la libertad del hombre, puesto que sin la palabra Dios el hombre estaría fuera de la realidad, el hombre se olvidaría de su existencia como tal, se olvidaría de sí mismo y del mundo, sería un individuo sin sentimientos, olvidándose incluso del olvido, el hombre dejaría de ser hombre y se convertiría en un animal útil.
El hombre nacería y moriría sin una interrogación previa de sí como hombre".[1]
El hombre existe como hombre, solamente cuando dice la palabra Dios ya sea esta de una manera positiva o negativa como en el caso del ateo, cuando no se diga la palabra Dios, el hombre estaría muerto. La palabra Dios permanece en el hombre, por su capacidad de lenguaje y por ser espiritual.
Dios ES porque está en nuestro mundo y cuestiona el mundo lingüístico.
La palabra originaria nos viene impuesto
El hombre trae en su interior, en lo más íntimo de sí la palabra Dios, es innato del hombre, y él mismo conoce esta palabra a través de Dios, y mientras el hombre conoce, el mismo hombre se interroga y surge una reacción.
Frente a esta interrogación la palabra Dios, ya va dando un concepto, el que da ese concepto es el mismo Dios, que pone la palabra en el hombre, solo en el ya que el hombre tiene las cualidades de ser racional, este concepto se desarrolla en el hombre, en su realidad y en su historia.
La palabra como simple concepto está ahí, y esta palabra va a producir un efecto por si sola en el hombre, pero frente a esta realidad, este efecto que produce en el hombre no va hacer que el hombre responda ya que es un ser limitado, el hombre guarda silencio con respecto de aquello que no conoce.
El conocimiento de Dios.
El hombre busca a Dios y trata de conocerlo y lo busca mediante el misterio ya que es un ser espiritual, lo busca desde un conocimiento trascendental aposteriorístico, esto no significa que miramos al mundo con una facultad neutral del conocimiento, entonces frente a esta búsqueda del hombre a Dios.
Vemos como es Dios quien se va revelando, dándose a conocer al hombre mostrándose, más que las realidades particulares, "el concepto de Dios es un dejarse aprehender por el misterio".[2]
Toda ontología metafísica de Dios, si es que quiere ser verdadera debe ir al lugar de origen, es decir al misterio absoluto, el hombre está llamado a obedecer desde la conciencia y la oración.
Sólo es posible hablar de Dios y de la experiencia de Dios, a partir o desde la condición creada, que el hombre se sienta como un ser creado por el ser todo poderoso omnipotente, Dios.
Karl Ranner distingue tres distintas clases de conocimiento de Dios y su unidad interna
La primera es el conocimiento natural de Dios, la segunda es la revelación cristiana, a través de la palabra, Estas hacen referencia a Dios revelándose de forma gratuita en su palabra, y la tercera mediante una acción salvífica que se revela en la historia de la humanidad y de cada individuo.
Estas tres formas de conocimiento de Dios hacen una unidad, y solo con las tres llegamos a un conocimiento o experiencia originaria de Dios que se nos da por medio de la GRACIA a través de la gracia obtenemos la revelación, es decir que no hay ningún conocimiento de Dios si no fuera por la gracia, todo conocimiento que tengamos de Dios, parte de una experiencia que está dentro de un espacio y un tiempo,
La subjetividad como tal está empapada del misterio que es Dios como tal, "Dios es ese eterno desconocido".[3]
Para conocer a Dios debemos connotarnos a la trascendencia, se dirige hacia lo infinito, todo conlleva a lo infinito, la trascendencia no tiene fin, esta trascendencia se experimenta en el hombre, el hombre debe experimentar la trascendencia en todo lo que le rodea, para interrogarse el hombre desde donde viene y hacia dónde va, lo cual es sustentada en la realidad entera, el hombre experimenta a Dios, ya que sale de Dios y retorna a Dios, y aquí el hombre experimenta a ese Dios que es trascendencia a Dios por amor al prójimo y a lo creado.
El Misterio Sagrado
Dios imprime la capacidad de trascendencia en el hombre, el hombre al tener esa capacidad de trascendencia, puede dirigirse hacia Dios, al misterio Sagrado, que se lo denomina sagrado por ser indisponible, el hombre no puede disponer de este, es innominado, no se lo puede nominar por lo tanto es indefinible y es Sagrado.
El hombre creyente pretende dar pruebas de la existencia de Dios y para estas pruebas, se necesita de SER y la EXISTENCIA, para explicar la existencia de Dios; La ciencia, trata de mostrar el reflejo de Dios, y no de la existencia de Dios, por ello La teología y la Ontología son las dos disciplinas que se encargarán de demostrar la existencia de Dios de conocimiento natural, basándose de la prueba teorética, esta prueba que va de la parte espiritual, donde va de la relación de Dios con el Hombre, se basa también del concepto sistemáticos, este concepto busca encontrar desde la verdad objetiva, la existencia cotidiana, de manera particular, con la reflexión ante la muerte, el miedo, el hombre de manera particular descubre que hay un ser supremo y va a experimentar que hay Dios y la experiencia de realización, todos los acontecimientos que suceden debe ser movido por alguien, alguien lo causa, y esa causa es Dios.
La única prueba de la existencia se da desde la experiencia trascendental, y esta experiencia trascendental se da desde la parte espiritual, el hombre considerado como algo infinito, relacionado con lo infinito.
El ser personal de Dios.
Es un patrimonio del cristianismo hablar de Dios como persona, como un Dios personal, la relación Dios-Hombre
Dios es "misterio, fundamento y horizonte absoluto", donde la existencia humana se desarrolla con plena libertada, porque Dios es un ser libre, Dios es el fundamento absoluto de todas las cosas.
La frase "Dios es persona" es exclusiva de Dios. A él le pertenece, y solo se puede decir Dios es persona, Dios sale al encuentro del hombre. Y el contexto de este encuentro es la historia individual, pues como hemos visto en otros apartados de la revelación como Dios se acerca a nosotros desde la historia de la revelación cristiana.
Condición de Criatura
La relación que la criatura (Hombre) tiene con su creador (Dios), está en su dependencia, ya que al ser de Dios, regresa a Dios, no se puede decir que esto es solo un principio filosófico, sino que depende de un objeto y un sujeto de la misma naturaleza filosófica que le proyecta a vivir esta realidad teológica.
"Dios es un creador de todo, es un hacedor de las cosas, todo depende de el mismo y todo se sustenta en el mismo Dios se revela al hombre ya que es el único que se lo puede auto revelar". (C. Vaticano II)
La relación Dios-hombre se da solo a través del misterio sagrado y solo a través de esto entendemos el término criatura, que es una relación personal proyectada de Dios hacia el hombre, por lo tanto criatura significa relación y cuya esencia de esta relación es Dios, es decir lo trascendental.
Concluyo este ensayo recalcando los aspectos más importantes del mismo que son: Dios como palabra, su significado y significante, que nos lleva más allá de una simple teoría, es el principio y el fin de la persona humana ya que esta palabra nace en el hombre; La dependencia radical de Dios a la criaturas es una misma realidad y en la misma medida , pero Dios existe en su propia esencia y depende de la criatura para que este lo reconozca como Dios; el hombre se da cuenta de su condición creada que tiene gracia y es un sujeto finito y a la experiencia trascendental.
El hombre al ser Criatura de Dios debe estar en contacto permanente de este su creador, a través de la oración y el estudio de las Sagradas Escrituras, ahí está reflejada la historia de Dios en la humanidad.
[1] Apuntes de clases de Cristología, Catedrático Dr. Gerson Eduardo Mora González c.j.m 23/09/09
[2] Karl Ranner, Curso Fundamental de la fe pg.76
[3] Karl Ranner, Curso Fundamental de la fe pg.81