PERSONA Y GRACIA
El hombre como ser racional, criatura de Dios, se hace muchas preguntas sobre su ser hombre, su esencia, ¿qué hay más allá de la vida?, este cuestionarse lo hace entender que el hombre trasciende, después de la vida corpórea hay una vida espiritual, y al decir que después de esta vida corpórea nos referimos con claridad a la muerte, por lo tanto sabemos que el cuerpo al ser finito, tiene su principio y tendrá su fin, pero al mismo tiempo no podemos pensar que esta vida tenga su culmen aquí en la tierra, por lo tanto sabemos también que el hombre a más de cuerpo también es espíritu, y el espíritu no muere, estas dos realidades en el hombre son una antinomia, dos postulados que son verdadero, pero que se contradicen entre sí.
El hombre es espíritu a medida de que posee libertad, y controla esta libertad, por su autoconciencia, está llamado a trascender, a buscar el más allá, y el hombre es finito, ya que no puede poseerse asimismo, sino solo dentro de los parámetros del conocimiento que este tenga de sí mismo, pero esto se lo hace con el amor que se tenga de sí mismo y con el amor a lo desconocido, al más allá, al absoluto, por lo tanto el hombre no puede poseerse así mismo, sino solo a medida del trascendente.
Esta antinomia, dos contradicciones en el hombre, pero que son verdaderas, ESPÍRITU Y FINITO, hacen que el hombre se predisponga a la Gracia, ya que sólo puede alcanzar su perfección en Dios, por lo tanto el hombre tiene esa apertura para recibir la gracia, que es el amor de Dios actuando en la vida del hombre.
El hombre sólo puede alcanzar la verdadera felicidad, a medida que se abra a la gracia, conocimiento que tenga de Dios, no con el conocimiento que tenga de los objetos, sino de sí mismo con Dios, lo hará de una manera libre, recibiéndolo como un don de Dios que también nos da sólo por su amor, y esto lo reconoce el hombre, por el hecho de ser persona, ya que solo así podrá conocerse y conocer a Dios puesto que Dios también es persona, porque se da a conocer, a esta auto donación y autoposesión del hombre, le llega mediante el ejercicio de su libertad, y la gracia que viene de Dios como persona, llega hasta el hombre como persona.
Dios tiene como proyecto restaurar esta relación de persona a persona que existe entre el hombre y Dios mismo a través de Jesucristo, al cual se lo recibe en libertad y por gracia, restaurarlo al hombre que se aparta de Dios por el pecado, pero Dios está siempre dispuesto a seguirlo interpelando, por amor, incluso el hombre que está en pecado, está abierto a esta gracia por el hecho de ser persona.
GRACIA.-La gracia es el amor de Dios, que actúa en la vida del hombre, esta gracia la recibimos de Dios, por iniciativa propia de Él mismo, ya que quiere que el hombre se predisponga a ella para vivir esta unión intima Dios -hombre.
El hombre por el hecho de ser hombre, está abierto a la gracia. Dios mismo se da al hombre para que el hombre tenga conocimiento de Dios, y al conocerlo también el hombre se da a Dios, en libertad.
"La revelación (...) es una actitud personal de Dio"[1], Dios mismo se da a conocer al hombre, se dona al hombre, de manera gratuita, no pide nada a cambio, de manera que el hombre mismo tiene la responsabilidad de aceptar o no esta revelación que es la gracia misma de Dios, es el amor de Dios hecho persona, dado al hombre, para hacer comunión, por lo tanto el hombre lo recibirá en libertad y por fe. Dios da la confianza para que se lo pueda captar como persona y palabra.
"La fe incluye una adhesión intelectual de un mensaje: pero incluye sobre todo una relación viviente del hombre a Dios, como de persona a persona".[2]
Dios se da así mismo para que el hombre sea salvo, y tenga esperanza en esta promesa del amor de Dios, y el hombre lo pueda ver como padre, manifestándose en el hombre la gracia, a través de: FE, ESPERANZA Y CARIDAD, Dios se nos da como persona en las tres personas que es la santísima trinidad de manera voluntaria y gratuita, la gracia increada que es Dios.
Hemos anotado que la gracia llega por parte de Dios, pero también depende del hombre para que haya esta relación personal, con la donación de Dios y auto donación del hombre, que le hace ser persona en su totalidad, la gracia hace que el hombre sea persona completamente, en su espiritualidad, alteridad y subsistencia, a través de estas dimensiones, el hombre puede proyectarse ante el otro infinito (Dios) que se enjuga con el misterio de la persona de Dios y del hombre como persona.
PERSONA Y GRACIA EN CRISTO.
Juan Alfaro anota la divinidad de Cristo, recordándonos que Jesús no fue una persona creada, es el verbo encarnado, es una persona divina, a través de Él Dios mismo se une con la humanidad de forma gratuita y sobrenatural, esta encarnación es la perfección absoluta de la revelación de Dios a la humanidad.
Esta relación entre Dios y persona se llama Gracia, la cual nos llega a través del verbo encarnado, Cristo, que también es persona ya que es hijo de Dios, Jesús estuvo en constante relación con el Padre, en comunión, diálogo permanente, de aquí el hombre comparte de la gracia, al estar en contacto con Cristo.
"La unión personal del Hijo de Dios con la humanidad es el fundamento del carácter cristológico de nuestra vida sobrenatural"[3].
Solo en la persona de Cristo el hombre llega a creer en Dios, porque solo en Él se da la perfección de esta revelación.
LA CERTEZA DE LA FE EN SU DIMENCIÓN COMUNITARIA
En el apartado anterior vimos que Dios se revela porque Él así lo desea y por amor al hombre, el destinatario de esa revelación es el hombre, la revelación se da en la historia apoya nuestra fe, puesto que el hombre se encuentra con Dios en Cristo, eso permite hablar de una economía de salvación y lo central y fundamental es que la revelación plena, perfecta y definitiva se da en la persona del Hijo, así podemos hablar de la Trinidad en unidad con la revelación.
Luego de dar un pequeño preámbulo de lo que es la revelación, Alfaro anota que no es posible hablar de la fe sin revelación y que para comprender la fe, debemos adentrarnos a la misma fe, que se la conoce por la sagrada escritura, que nos dice que solo Yahvé salva, esta es la fe veterotestamentaria, que se da a través de la confianza, confesión y obediencia a la palabra, la auto revelación de Dios, que se basa en Cristo, muerto y resucitado, como objeto de la fe, el revelante y el mismo el revelado, la fe es Dios revelado al hombre, del cual espera una respuesta, un SI radical, no ha medias, para esto es necesario que conozcamos a la persona de Cristo.
La comunidad anuncia a Cristo y por ello, en la Iglesia hay comunión y confesión de cada uno de los que formamos la Iglesia. "todos en Cristo" a través del mensaje cristiano, que nace del espíritu de la Iglesia primitiva, la cual nos da fe de lo que creen, a través de la escritura y la tradición como aspectos diversos de la revelación.
La comunidad cristiana confiesa la fe en Jesucristo mediante determinadas proposiciones humanas que están en el Nuevo Testamento. Solo a través de Cristo podemos conocer al padre, este conocimiento lo entendemos desde la escritura, el hombre tiene este encuentro con Dios, a través del encarnado que al descender de Dios, se hace persona, El hombre lleva impresa en lo más profundo de sí mismo una radical antinomia, puesto que el hombre es espíritu (Capacidad de conocer) y a la vez es finito (esta capacidad tiene un límite.
El contacto permanente con Cristo lo hacemos a través del diálogo, para los cristianos este diálogo lo llamamos oración.
[1] ALFARO, Juan, Cristología y Antropología, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1973, pag 350
[2] Ibíd, Pag 351
[3] Ibíd, pag 365